De la fundación de España, por Fernando Paz

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Las comunidades nacionales tienen una identidad, sin las que no son comprensibles ni se justifican. España no es cualquier cosa que se erija sobre el viejo solar ibérico. Las naciones –los pueblos- no son geografía: son historia. Y España es el producto de un devenir histórico determinado.

Esa identidad se va forjando a lo largo del tiempo, en un proceso muy lento –desde la perspectiva humana-. Como en el caso de las personas, las naciones y los pueblos se desarrollan a lo largo del tiempo, sin que el niño que fuimos sea cosa diferente al adulto que somos aunque, al mismo tiempo, las diferencias entre uno y otro sean enormes.

La identidad española lleva siendo destruida sistemáticamente desde hace cuatro décadas. Una destrucción llevada a cabo, increíblemente, por los dirigentes de un pueblo español al que están privando de su razón de ser. Del rapto de esa identidad se han derivado las más funestas consecuencias en forma de eclosión nacionalista en un gran número de territorios, hasta el punto de que allá donde no hay un particularismo propio se adopta el del vecino. 

Hoy se ha hecho moda negar la existencia misma de la nación española, mientras se acepta entusiásticamente la existencia de cualesquiera otras naciones en su seno. A la afirmación de que España es una de las naciones más antiguas de Europa (Mariano Rajoy ha dicho “la más antigua”) se ha respondido con sorna -y un cierto desprecio hacia lo propio- que la nación española no existe sino hasta la guerra de la Independencia o, como mucho, desde la llegada de Felipe V.

Obviamente, se confunden nación histórica y nación política, por un lado; y, por otro, siendo claro que el concepto de nación política no puede remontarse antes de fines del siglo XVIII -Goethe cifró en Valmy su nacimiento-, cosa distinta es que España exista, que es el verdadero asunto en liza.

La nación histórica española, que equivale a decir la Hispania como reino (léase España) aparece entre los siglos VI y VII, cuando se produce el surgimiento de las naciones europeas al hundirse la arquitectura romana -un proceso que se prolonga siglos-; en ausencia de esa superestructura, las unidades administrativas políticas subyacentes han de hacerse cargo de su propio destino.

En el caso que nos ocupa, el de Hispania, la profundamente católica población hispanorromana se hallaba dominada por una minoría germánica, los visigodos, fuertemente romanizada y cristianizada en su versión arriana. Durante casi dos siglos, la diferencia religiosa entre arrianos y católicos se reveló un muro entre unos y otros.

A lo largo de ese tiempo, se sucedieron y asesinaron entre sí los monarcas godos, hasta el ascenso de Leovigildo en 572, cuyo objetivo fue unificar Hispania, para lo que había que fortalecer la institución monárquica. Así que, además de terminar con el reino suevo y reducir a su mínima expresión la presencia bizantina en el sureste peninsular, abolió la prohibición de los matrimonios mixtos y, consciente de que solo a través de la homogeneización religiosa podría alcanzar su ideal, intentó rematar la unidad convirtiendo a la población al arrianismo.

Es posible, aunque hay disputas en torno a este asunto, que la sublevación de su hijo Hermenegildo en la Bética fuese la que le impeliera a considerar la necesidad de la unidad religiosa pero, como quiera que fuese, lo cierto es que una vez dominada aquella, emprendió una decidida política de conversión de los católicos hacia el arrianismo. La tarea era, sin duda, ímproba, pero Leovigildo jugó sus cartas con una cierta habilidad no desmentida por el resultado final (de hecho consiguió que el obispo de Zaragoza se pasase al arrianismo).

El propósito homogeneizador de Leovigildo se consumó bajo su hijo, Recaredo, aunque desde una perspectiva distinta: la unificación se produciría gracias a la conversión del reino al catolicismo, ya que el mismo monarca se había hecho católico gracias a los buenos oficios de Leandro, obispo de Sevilla, el mismo que había conducido al catolicismo a su hermano Hermenegildo.

Por eso, una de las primeras cosas que hizo Recaredo al subir al trono fue convocar el III Concilio de Toledo (mayo de 589) con el fin de conducir a la monarquía al catolicismo. La proclamación de la catolicidad monárquica gótica fue esencial para asentar la idea de comunidad (dentro de unos límites) que se venía desarrollando desde que Roma considerase a Hispania una sola.

A través de la transformación en un reino católico, las distancias entre la población y los dominadores godos sin duda menguaron. Durante los tiempos de Chindasvinto y Recesvinto resultó muy evidente el carácter de la acción real, que se identificaba plenamente con la Iglesia católica tanto como deseaba proteger al pueblo de los abusos de los reyes, fijando el tesoro de la corona a fin de que los monarcas no sintieran la tentación de aumentar el erario a costa del expolio popular.

Por otro lado, a esas alturas del siglo VII, Hispania era vista como una unidad sin género de dudas desde el exterior, y cuando los musulmanes la invadan, reflejarán esa condición en la misma denominación unificada –Al- Andalus- que darán al territorio.

La invasión islámica es, desde luego, crucial. Cuando se produce, siguen existiendo diferencias entre godos e hispanorromanos –se mantenía un reparto desigual en la posesión de las tierras, algo básico- y, para no pocos hispanos, la llegada del ejército árabe y norteafricano apenas representó sino la sustitución de unos dominadores por otros. Y no solo los hispanorromanos: también sucedió así para una significativa parte de la nobleza goda, que se islamizó sin mayores problemas.

Pero otros muchos no lo percibieron de ese modo. Una parte de la nobleza germánica se había refugiado en el norte peninsular huyendo de las asechanzas musulmanas o de las sempiternas querellas civiles godas. Entre ellos se encontraba don Pelayo, refugiado en Asturias -originariamente perseguido por Witiza, y más tarde huyendo de los invasores musulmanes-.

La resistencia que entonces comenzó estuvo unida al sentimiento de la “pérdida de España” que recogió aquel cenobita que completase la crónica de san Isidoro. Era el tiempo en que los francos contenían en Poitiers la invasión oriental, mediado el siglo VIII. “Pérdida de España”, así refirió el monje lo acaecido en La Janda, y no una mera caída del reino visigodo, como traspiés político, no; era un mundo lo que había sucumbido. Lo que le reemplazó no era España. Era, sustancialmente, otra cosa. Porque España no es –ya se ha dicho- cualquier cosa que se erija sobre el solar ibérico.

El recuerdo de esa España que se había perdido remitía, inevitablemente, al pasado godo. No porque este fuese contemplado como si de un tiempo venturoso se tratase, que no lo fue y que la población tenía buenas razones para no considerarlo de ese modo. Pero sí porque era el tiempo en que había existido España.

Lo que España había sido hasta entonces es bien distinto de lo que llegaría a ser después, esto es claro. No debe caerse en el anacronismo de pensar en aquella Hispania como en España tal y como hoy la concebimos: pero sin duda significaba cristianización y romanización. Y por esa razón se pensaba en la pérdida de aquello como motivo más que suficiente para comenzar el combate.

Una lucha que estuvo ligada, pues, a ese pasado godo. No es cuestión baladí el que el primer caudillo, Pelayo, fuera un espatario de don Rodrigo, el último rey godo, ni si su origen era o no germánico, aspectos que se han cuestionado aunque sean más posibles que los intentos de convertirlo en un hispanorromano propietario de tierras en Asturias (si bien pudo muy bien tratarse de un noble godo con tierras en esa región).

Pero, aunque no puede desdeñarse sin más la presencia de elementos indígenas en la formación del reino asturiano, son sin duda esenciales los de origen germánico. Cierto que las primeras crónicas omiten el origen gótico del reino, pero ello puede explicarse de acuerdo al testamento de Alfonso II: los godos eran culpables de la pérdida de España (lo que era cierto). Sin embargo, bajo Alfonso III las crónicas apuntan en un sentido completamente distinto y reivindican la evidencia de los lazos con los visigodos. En ese tiempo, a fines del siglo IX, se está produciendo la emigración de mozárabes hacia las tierras del Duero, abandonadas por los musulmanes a lo largo del siglo VIII, e interesa subrayar esa ligazón germánica; ahora bien, ese interés ¿no es, en sí mismo, significativo?

El derecho común que regía a los mozárabes era el recogido por el Liber Iudiciorum, que era también la base del derecho leonés y asturiano, con seguridad desde Alfonso II (el mismo que despreciaba a los godos) y que había sido promulgado por Recesvinto –unificando los derechos de ambas comunidades- mediado el siglo VII. Estuvo vigente hasta 1348, y fue el fuste legal no solo en León y entre los mozárabes, sino también en Cataluña. 

Lo esencial, y lo que interesa precisar, es que la continuidad de esos elementos góticos es bien visible en la Hispania (valga la España) del tiempo de la primera reconquista; ciertamente se ha abusado de tal interpretación en algunos periodos posteriores de la historia, pero eso no autoriza a proponer alternativas descabelladas por motivos igualmente ideológicos.

Sin duda que el embrión de España se halla en la Hispania romana, que le da su primera unidad -aunque esta sea administrativa- y que toma cuerpo, debido al hundimiento del imperio romano, estando los godos de guardia en Hispania. Con ellos, por vez primera se levanta un reino independiente que abarca el conjunto de la península dándole, así, una cierta naturaleza política y que, como tal, es reconocida fuera de Hispania.

Cabe rastrear ese mundo gótico que sucumbe a comienzos del siglo VIII en la resistencia –primero- y constitución –después- de los reinos peninsulares de Asturias y León. Y, por tanto, el elemento germánico visigodo está presente en el proceso que llamamos Reconquista y que, precisamente por afirmar la suma trascendencia de la cesura que representó la invasión islámica, representó una especie de hilo conductor con un pasado necesario en la creación de un mito histórico determinante.

Cuando se habla de España, pues, hay que acordar que, con las debidas cautelas y sin caer en el anacronismo, esta es una de las naciones históricas más antiguas de Europa: con el reino franco superpuesto sobre la Galia, que crea Francia, la que más.

La trampa de la inmigración y la mano de obra esclava (Radio Ya)

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Esta violación del territorio fronterizo, más allá del ilícito administrativo y del problema humanitario que supone, debe considerarse en otros términos.

Tres centenares de personas sin los más mínimos recursos y con una difícil inserción social y laboral han atravesado sin control un país que se dice nuestro aliado, manejados por mafias que se lucran con el tráfico de personas, organizando estas caravanas humanas y estos asaltos masivos.
Al llegar, han esperado el momento oportuno. Y entonces, el pequeño batallón extranjero de inmigrantes ha violado nuestra frontera como si de una invasión se tratase, porque aunque no fuera un ejército regular si se trató de un acto coordinado.
Con todo, cuando se producen estos asaltos masivos a nuestras fronteras, lo más preocupante son las reacciones políticas y periodísticas, que pueden ir desde ataques desmedidos a los funcionarios de los cuerpos de seguridad que tratan de impedir el delito hasta mensajes de apoyo a los ilegales.
Pero evidentemente quienes dicen apoyarles de esa manera no van a abrir sus lujosas casas para acogerles porque, en definitiva, son la peor clase de negreros. Ya no les pegan latigazos, ahora prefieren medrar a costa de la pobreza.
A estos inmigrantes, como a los millones que han entrado por Barajas, no les va a ayudar ningún progre. Sólo los que hemos tenido que repartir propaganda, servir copas y mesas o trabajar en el turno de noche, en definitiva vivir con ellos la dureza del trabajo precario, les conocemos de verdad e incluso hemos llegado a preocuparnos por ellos. Para nosotros son personas.
Pero la izquierda del discurso vacío, de la promesa vana y la mentira constante seguirá viendo al inmigrante como un instrumento propagandístico. Una pancarta que colgar en la fachada del Ayuntamiento, un argumento para tergiversar en el debate de La Sexta o para ganar seguidores en Twitter.
La ex-derecha española, por su parte, contempla la inmigración en clave puramente mercantilista: en la infinita carrera de la liberalización económica y la destrucción de los derechos sociales es necesario importar mano de obra esclava para que las grandes empresas que financian las campañas del Partido no gasten demasiado en la carísima Seguridad Social de los malacostumbrados trabajadores españoles.
Quienes ponemos por encima de todo la dignidad de la persona nos hemos dado cuenta hace tiempo que quién esta en medio de todo es el inmigrante. Se trata de personas que en la desesperación por huir de la miseria dejan atrás casa y familia y se ven obligados a aceptar condiciones de trabajo propias de la Edad Media, lo que sirve para avanzar también en la aniquilación de nuestros derechos sociales y laborales.
Es en los barrios humildes, en las periferias, donde se conoce a los inmigrantes y se convive con ellos, no en Conde Orgaz, la zona residencial donde vive Carmena. Son los vecinos de esas zonas desfavorecidas quienes las han visto deteriorarse. Son los vecinos de los barrios más castigados los que han vivido los problemas de la delincuelcia que genera importar esclavos. Es en las barrios obreros donde se sufre el choque cultural y la delincuencia, no en casa de Ana Pastor.
Y por ello también son nuestros nacionales más humildes, especialmente quienes compiten por los trabajos menos cualificados, quienes han visto como sus condiciones sociales, económicas y laborales han sido arrasadas.
Europa ya ha despertado a pesar del insistente y machacón discurso del miedo a la ultraderecha y el racismo. Estar en contra de un fenómeno injusto con el propio inmigrante como es su explotación no es racismo. Menos si además se pretende la defensa de nuestra nación, cultura, identidad y condiciones socio laborales.
El 50% de los franceses considera que en la nación gala el número de inmigrantes es excesivo. En la última oleada del eurobarómetro, las primeras preocupaciones de los europeos eran el terrorismo y la inmigración. La última oleada del CIS en España también revela una preocupación creciente sobre este fenómeno.

Quienes defienden este modelo de inmigración descontrolada, masiva e injusta tanto para el inmigrante como para el territorio de acogida sólo lo hacen por un doble interés. Por un lado son cómplices de los grandes intereses empresariales. Los mismo que un día defendieron la deslocalización, hoy defienden directamente importar la mano de obra barata. Además, defienden los intereses del mundialismo, ligados de manera indisoluble a los anteriores. A quién no defenderán jamás es al inmigrante. Y desde luego, mucho menos, a nuestros nacionales.

"Esto en Alemania no pasaba". Desmontando la memoria histórica, por Fernando Paz


Con frecuencia oímos argumentar desde ciertas posiciones –cuyo objetivo es asfixiar el debate- que tal o cual afirmación en materia histórica (usualmente referida al franquismo, la guerra civil, el Valle de los Caídos o la segunda república) sería imposible en Alemania.
Como mantra irreflexivo e ideologizado para consumidores sin excesivas exigencias intelectuales, hace las veces de expresión tabú, como, en otros contextos, se utilizan los términos “fascista”, “machista”, “homófobo”, “racista” o similares, que buscan la descalificación “ad hominem”.
La apelación alemana se ha hecho muy popular, hasta el punto de que uno jamás sospechó tan extendida germanofilia entre las huestes progres…
Pero ¿es esto verdaderamente esto así?
Empezando por el principio
Es obvio que la comparación entre el régimen de Franco y el nacional-socialista está fuera de lugar por todos los conceptos. Es obvio que no tiene sentido alguno asimilar el régimen racista alemán que desafió al mundo entero a una conflagración de seis años, con el sistema instituido en España a resultas de la guerra civil que tuvo lugar en 1936 por la rebelión de medio país contra un régimen ilegítimo (como ya nadie puede dudar que era la república desde febrero de 1936). 
Los radicales que esgrimen este tipo de argumentación, con todo, lo que pretenden señalar es la singularidad de España donde, al contrario de lo que sucedería en Europa, se mantendría la memoria de un dictador sanguinario amigo de las potencias fascistas -y fascista él mismo-, a través de monumentos, placas, conmemoraciones y recordatorios de todo tipo. No se trata de una argumentación muy sofisticada pero, en la era de Twitter, tiene su efecto. 
Dejando de lado la ridícula pretensión de que Franco fuera fascista, podemos dar por bueno que el régimen de Franco sea asimilable a cualquier otro régimen autoritario de su época. Que es mucho dar por bueno. 
De acuerdo a esto, supuestamente, en ningún lugar de Europa habría lugar en el espacio público para el recuerdo de quienes dirigieron los países europeos durante los años treinta y cuarenta bajo un régimen de este tipo.
En Hungría
Por descontado, esto dista mucho de ser cierto. 
En Hungría, el regente Miklós Horthy gobernó casi un cuarto de siglo, entre 1920 y 1944, y durante esos años promulgó duras medidas antisemitas y llevó a su país a la Segunda Guerra Mundial. 
Nada de eso hizo Franco que, por el contrario, mantuvo la neutralidad de España durante la guerra y acogió a numerosos judíos que huían de la Europa ocupada por los alemanes. 
Sin embargo, en Kereki se ha erigido una estatua a Horthy en una plaza central de la localidad, plaza a la que se ha dado también el nombre del regente. En la Universidad de Debrecen, se ha descubierto una placa conmemorativa, y en Gyömrö, a las puertas de Budapest, la plaza central también ha recibido su nombre.
Estas medidas han sido tomadas con el acuerdo de Fidesz, el partido del primer ministro Víktor Orban, y el de Jobbik, una formación nacionalista húngara. Fidesz, incluso, ha enviado a una diputada de su partido a la inauguración de una estatua dedicada a Horthy. 
Finlandia y Eslovaquia
En el país escandinavo, que estuvo en guerra con la URSS entre noviembre de 1939 y marzo de 1940, y luego entre 1941 y 1944, no esconden la memoria del mariscal que los dirigió durante la Segunda Guerra Mundial contra los soviéticos, Carl Gustaf Mannerheim, aliado de Hitler en esa segunda contienda, conocida como Guerra de Continuación.
En Helsinki hay una estatua y un museo dedicados al jefe del ejército finlandés, que fue presidente del país tras la guerra. En toda Finlandia tampoco faltan centros públicos y parques con su nombre. 
Incluso Jozef Tiso, el último aliado de Hitler en Europa y un notable antisemita, tiene en su pueblo natal eslovaco su casa convertida en museo. 
…y, desde luego, Italia.
En Italia, la figura de Mussolini está presente un poco por todas partes. Es, junto al padre Pío, la mayor industria de recuerdos personales del país.  
El barrio de Eur, a las afueras de Roma –hoy convertido en un centro de negocios- se erigió en los años treinta, con vistas a la Exposición Internacional de 1942, que jamás se celebró. Sobre muchos de sus monumentales edificios de mármol blanco, lleno de motivos fascistas, ocasionalmente pueden leerse frases del Duce. Así, sobre el frontón principal del Palacio de los Oficios -el primer edificio construido en el barrio e inaugurado en 1939-, reza una sentencia mussoliniana: “La Tercera Roma se extenderá desde las altas colinas a lo largo de las orillas del río sagrado hasta las playas del Tirreno”.
Sobre las paredes, las referencias al Imperio que Italia estaba empezando a construir desde que el Duce fuera nombrado primer ministro por Víctor Manuel III, son continuas. En un bajo relieve se representa a Mussolini cabalgando, brazo en alto, sobre las tierras de la Italia fascista imperial.   
Y, por supuesto, siempre pude admirarse en Roma el Foro Itálico –originariamente Foro Mussolini-, un complejo deportivo terminado en 1938, tras diez años de aceleradas obras, que acoge al visitante bajo la inscripción “Mussolini Dux”, y en el que puede leerse, en un mosaico, la consigna fascista: “Duce, os dedicamos nuestra juventud”.
Por toda Roma hay restos de la época fascista, como los espectaculares bajorrelieves del puente Duca D’Aosta, en donde se representa una escena en la que el ejército está en actitud de ataque. Y, fuera de la capital, son igualmente abundantes, desde Predappio hasta Génova. 
Aunque en los últimos tiempos ha surgido una corriente que recuerda a la Memoria Histórica por nosotros conocida, aún se encuentra lejos de las pulsiones talibanescas españolas. Incluso una parte de la izquierda la rechaza y, en cualquier caso, nadie ha propuesto el derribo de monumentos.  
Alemania tras la guerra
¿Qué pasa en Alemania, apelación recurrente de los demolicionistas? 
Tras la IIGM, en una Alemania devastada por la contienda –a veces hasta un 90% de las ciudades habían sido derruido- fue eliminado todo vestigio del nazismo. La derrota del régimen hitleriano había sido completa y absoluta, tras haber desafiado al mundo. La destrucción que los alemanes habían llevado a algunas regiones de Europa (sobre todo en el Este) era comparable a lo que ahora padecía el territorio del antiguo Reich. 
El régimen responsable de aquello fue cargado en exclusiva con la culpa; había que salvar a Alemania como nación y como sociedad y, en consecuencia, se aceptó sin muchas preguntas la idea de que había sido el nacional-socialismo el causante único de la catástrofe y, sobre todo, Hitler.  
De modo que lo que vino después de 1945 supuso una completa ruptura con la Alemania anterior, una negación de todo lo que había representado la historia alemana.  
Nada de eso tiene que ver con lo sucedido en España tras el franquismo, que es origen del actual régimen y que, mediante un proceso reformista, transitó hacia la democracia liberal y constitucional de partidos que hoy rige el país, incluyendo su forma de Estado monárquica. Cualquier parecido entre ambas situaciones es pura coincidencia.
Alemania hoy
Bien, pero ¿qué pasa hoy en Alemania? ¿Puede o no puede hablarse con libertad de cuestiones históricas?
Pese a todos los pesares, si comparamos la libertad intelectual y académica existente en Alemania con la que padecemos en España, el resultado es sonrojante. Una buena muestra la constituye la famosa “Polémica de los Historiadores” (Historikerstreit) que, hace ahora treinta años –mediados los ochenta-, permitió que se expusiesen con claridad algunas posiciones heterodoxas que terminaron creando escuela. 
La citada querella intelectual giró en torno a la interpretación del nacional-socialismo en el conjunto de la historia alemana, que en origen protagonizaron Ernst Nolte y Jürgen Habermas, y que acabó implicando a los principales historiadores e intelectuales germanos. 
Aunque dicha disputa resultó no pocas veces enconada, a nadie se le ocurrió pedir que se privara de la palabra al adversario; un inimaginable, por estos lares, respeto intelectual presidió todo el proceso. Y es que el mundo académico alemán ha sido notablemente plural, algo que contrasta con la España actual. 
Eso permitió que Andreas Hillgruber hablase de “comprensión crítica” al respecto de la Wehrmacht que defendió las fronteras de Europa en 1944-45 frente al ejército soviético, lo que incluía a las unidades de las Waffen SS que participaron en dicha resistencia. Al calor del debate, Karl Dietrich Erdmann llegó a hablar de la grandeza histórica de Hitler, aunque matizase que se trataba de “una grandeza diabólica”, siguiendo a Burckhardt y, en cierto modo, a Hegel.
Desde luego que todo esto no solo generó polémica, sino que fue el centro de encendidos debates, siempre presididos por el respeto a a la inteligencia.  
Una disputa central la constituyó la explicación del nacional-socialismo como un reactivo del estalinismo, del mismo modo que el fascismo lo fue del leninismo, según estableció Ernst Nolte, idea que hoy pervive, y que fue duramente contestada. 
Como lo fuese también, y aún más, el juicio del papel que Hitler jugó en el Holocausto, defendida por Uwe Dietrich Adam, quien relativizó abiertamente el papel de Hitler en la toma de decisiones al respecto, lo que fue respaldado nada menos que por Hans Mommsen. Incluso, ante la ausencia de pruebas documentales acerca de que Hitler ordenase el exterminio judío, Martin Broszat sostuvo que es posible que el Führer nazi no diese nunca esa orden de modo expreso; la forma en que este se llevó a cabo sugiere una serie de acciones poco coordinadas y escasamente planificadas.
Difícilmente este debate –o su equivalente- podría tener lugar en España, donde hace tiempo que la historia oficia como una de las más eficaces palancas de la hegemonía ideológica progresista. 
Los últimos vestigios…y algo más
Algunas edificaciones específicamente nazis siguen existiendo en Alemania, y no deja de ser llamativo que, todavía hoy, en la Casa del Arte de Munich, se conserve un entrelazado de esvásticas en el techo de la parte exterior que a nadie se le ha ocurrido borrar, al apreciar un cierto valor artístico.
En esa misma ciudad sigue existiendo el Feldherrnhalle que, si bien no fue edificado por los nazis, sí fue utilizado por estos con profusión para conmemorar el golpe de Estado de 1923 y las dieciséis víctimas mortales nacional-socialistas que allí cayeron. 
Por supuesto, el Estadio Olímpico de Berlín, sede los Juegos que se celebraron en 1936 en la capital alemana, no ha sido derribado, y en la misma capital del antiguo Reich se conserva una gran cantidad de edificios que evocan poderosamente a la Alemania nazi.  
Y sigue existiendo la Führerbau en Munich y, frente a ella, la Casa Parda, sede nacional del NSDAP, sita en la capital bávara. 
¿Entonces?
Aparte de la exaltación del nazismo en sí, lo que en Alemania está castigado por la ley es la apología del genocidio, o su negación –aspecto este muy discutible-. Lo más curioso del asunto es que, precisamente quienes insisten en la proscripción de los disidentes y apelan para ello una y otra vez a la legislación alemana, son quienes se encuentran en situación de ser más duramente acusados según estos criterios.
Pues no están lejos de la apología del genocidio cuando defienden a la segunda república durante la guerra civil, dado que el único genocidio que se cometió en España en ese tiempo –de acuerdo al derecho internacional-, lo llevó a cabo el Frente Popular contra los católicos, algo que podrían comprobar simplemente con consultar la definición de genocidio. Recordemos que existe un delito de justificación del genocidio (en el artículo 510 del Código Penal), punitivo con la difusión de ideas o doctrinas que justifiquen los delitos de genocidio o rehabiliten regímenes que hayan llevado a cabo estas prácticas.  
La aniquilación de los católicos sucedida en España durante la guerra civil entra de lleno en la definición, dado que su aniquilación fue sistemática, y efectuada en función de su condición religiosa. Ningún otro grupo social sufrió una persecución semejante, hasta la muerte, por razones de tipo político o racial en España, en ninguno de los dos bandos. Cierto que en ambas zonas se persiguió a los adversarios, pero en ningún caso hasta la liquidación física total. 
Sólo los católicos, en la zona del Frente Popular, sufrieron lo que constituye legalmente un genocidio.
¿Y qué hay de Rusia?
No pocos de entre quienes piden –y de entre quienes ejecutan- la supresión de los símbolos franquistas, alaban abiertamente la revolución bolchevique, como sucede con algunos responsables municipales madrileños.
Pareciera, por esto, que habría de mostrase algo más comprensivos con estatuas y placas recordatorias del franquismo, cuando existen varios miles de estatuas de Lenin y unas 7.500 calles, avenidas y plazas, en todo el antiguo territorio de la URSS. Por no hablar del Mausoleo de Lenin, en la Plaza Roja moscovita.
Hay, incluso, estatuas de Stalin, que en los últimos años se están inaugurando en los espacios públicos. 
Uno estaría tentado de pensar que quienes impugnan los recuerdos de Franco y su régimen por toda la geografía nacional, inspirarían su discurso más en Rusia que en Alemania, pero parece que no es así. 

¿Sorpresas? te da la vida. 

El Pazo de Meirás y la FNFF aterran a la izquierda: increíble pero cierto, por Francisco Torres

La izquierda y sus medios afines, el nuevo Frente Popular en el gobierno territorial o en la oposición, con su lobby de presión -preñado de amigos políticos-, que son las Asociaciones de Memoria Histórica, ayuna de propuestas, soluciones y esperanzas (lo de Pedro y Pablo las únicas esperanzas que alimenta son las de Rajoy), solo tienen en mente un nombre: Franco. Todos andan obsesionados con Franco -hasta los separatistas catalanes recurren a Franco para llamar al voto a la “consulta” de octubre que para más señas se celebrará el 1° de Octubre, Día del Caudillo (lo que no sé si se podría considerar exaltación del franquismo)-.

Todos ellos se han aprendido tres o cuatro argumentos muy elementales, rayanos en la simpleza, que repiten como loros en los medios y de palabra, sabiendo que nadie les levantará la voz y que nadie osará a cuestionar la veracidad de sus asertos. Cada semana suscitan -no parece que tengan otra cosa que decir en política- una polémica que agitan, con declaraciones amplificadas por las cadenas y medios amigos, para simular un inexistente clamor popular. La última, quizás cuando estás líneas vean la luz la penúltima, corre a cuenta del Pazo de Meirás -tema recurrente donde los haya- y la Fundación Nacional Francisco Franco.

“Media Galicia contra la Fundación Franco”, claman titulares teñidos de rojo.

En realidad una docena de políticos cortitos, no en estatura, junto con los tres o cuatro de la memoria de guardia y pare usted de contar; porque me imagino que los gallegos andarán preguntándose: ¿y no tienen nada mejor que hacer? ¿ese es el gran problema de Galicia, el Pazo de Meirás?

¿Qué ha pasado? Pues que la Fundación Nacional Francisco Franco va a organizar las visitas a las que la ley obliga al Pazo de Meirás (cuatro al mes y cerrado en agosto) por ser Bien de Interés Cultural. Y hasta es posible que la Fundación amplíe el número de visitas y visitantes, para pasmo de los reclamantes. Y dice la citada FNFF que con ello va a fomentar el turismo en Galicia y en el pueblo que está el Pazo (lo que a juicio de los protestantes debe de ser muy malo para el lugar). Ante tamaño “dislate”, enfurecidos y temeroso, han saltado los del PSOE, las mareas, los rojillos de guardia y hasta la tía de uno que pasaba por allí exudando y vomitando bilis. Pero lo que no tiene desperdicio -de ahí lo de cortitos- son los argumentos esgrimidos: primero, que la FNFF organice unas visitas, a las que obliga la ley que ellos pidieron que se aplicase, a una propiedad de la familia Franco; segundo, que las visitas a la casa de Franco, que ellos obligan a que se realicen, serán apología de Franco; tercero, que es una vergüenza que en España se permita esto y que eso sería inimaginable en otros países. Vayamos por partes, porque todo esto lo único que hace es dejar en evidencia a los protestantes.

Recordemos: el Pazo de Meirás es una propiedad privada de la familia Franco en la que, naturalmente, uno puede encontrar recuerdos familiares de Franco, libros de Franco, fotos de Franco, pinturas de Franco, la silla en la que Franco se sentaba, la escopeta de Franco, la vajilla de Franco, un busto de Franco, etc, etc, etc. (lo que no van a encontrar son retratos de La Pasionaria, hoces y martillos, banderas republicanas y similares...). Pero el hecho más destacado es que fueron los mismos que hoy protestan los que exigieron que el Pazo se abriera a las visitas, y la Familia Franco que se negaba fue la que perdió en los tribunales quedando obligada a abrirlo a las visitas y correr con los gastos. Ahora los protestones de entonces -los políticos de izquierda, las mareas y los nacionalistas junto con las dos docenas que de vez en cuando hacen el tonto por allí- se quejan por las visitas que corresponde organizar a los dueños y no a ninguna institución oficial (hasta ayer también se quejaban de la institución oficial que las concedía por su falta de atención y sus criterios restrictivos). A nadie se le escapa que si la gente quiere ir a ver el Pazo (y bien hará la Fundación Nacional Francisco Franco en promocionar las visitas) es por visitar la que fuera residencia de verano de Francisco Franco y no porque antes fuera propiedad de doña Emilia Pardo Bazán. Que además uno se pueda llevar un recuerdo, un libro, una foto o un DVD pues mejor que mejor, porque nada es gratis y ni la FNFF ni la familia Franco reciben subvención alguna para realizar las visitas. Esto es precisamente lo que preocupa a los del Frente Popular ampliado, pletórico de chekistas perroflautistas, las visitas, porque antifranquistas me parecen que van a ir pocos. Por eso, supongo, difunden que las visitas a la casa de Franco, a la que ellos obligan, serán una exaltación de Franco y una acción antidemocrática, por lo que piden declaraciones de condena parlamentaria y similares. A decir memeces desde luego nadie les gana (dejemos a un lado lo de apóstoles del “negacionismo” de no sabemos qué o lo de que con estas visitas organizadas por la FNFF se socava la democracia, lo que raya en la demencia). Claro que siempre pueden acudir a los tribunales amparándose en su lectura -el problema es que algunos necesitan urgentemente volver a parvulitos- en las “leyes de memoria”, pidiendo que se declare ilegal que la Fundación Nacional Francisco Franco organice las visitas a la casa de Franco.

Dicen los “tontilocos” histórico-académico-periodista-memorietistas-antifranquistas (copio lo de “tontiloco” como concepto de análisis historiográfico del “conocido” historiador antifranquista Reig Tapia) que no puede existir una institución como la FNFF ni espacios como lo que entienden que será el Pazo de Meirás visitable. Repiten que en un país democrático como, por ejemplo, Italia sería inviable; que esto solo se da en España. Dejemos a un lado que, por más que se empeñen, Franco no puede ser comparado porque ganó una guerra, no la perdió; porque falleció en un hospital y millones de españoles expresaron públicamente su dolor y admiración (por cierto que la FNFF, ya puestos, podría exhumar fotografías de su puesta en marcha y del funeral oficial por Franco de 1976, por aquello de quiénes andaban por allí). Vayamos a una afirmación que saben que no es cierta.

De vez en cuando me dejo caer por Italia y te encuentras con que en cualquier puesto o tienda de recuerdos te puedes comprar desde un delantal con la imagen de Mussolini a cualquier tipo de busto o cosa insospechada (asciendan al Etna o al Vesubio y verán, por no mencionar que uno entra en un bar en Herculano y se encuentra con un póster de Mussolini). Es más, en algunos lugares las indicaciones para turistas ponen la flecha que te lleva a “La Casa del Fascio”, el equivalente de Mussolini a las Casas del Pueblo que son obra de un destacado arquitecto. Si uno se da una vueltecita por el EUR se encuentra con aquellos imperiales edificios llenos de referencias al DUCE. Si uno recorre la costa del sur de Italia los guías se pasan el día diciendo “esto lo construyó Mussolini” (claro que como los protestones de la memoria no deben ser muy leídos y/o viajados ignorarán que es el vesubiano). En el Palacio de los Oficios se encuentra el visitante con un Mussolini a caballo y brazo en alto. Y en el Foto Itálico un “Mussolini Dux” que te deja atónito. Rematando con que todos los años, en el gigantesco Monumento al soldado desconocido, se rinda homenaje a los caídos italianos en la guerra civil con presencia española y las banderas que parece se quieren perseguir con las leyes de memoria histórica... ¿No habíamos quedado que en ningún país democrático existían monumentos o referencias al dictador? Podríamos seguir pero creo que el argumento falaz se hunde por su peso, porque en muchas grandes ciudades de Italia quedan monumentos del fascismo en un país constitucionalmente antifascista pero que asume que el fascismo es una parte de su historia reciente.
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Volvamos al caso del Pazo de Meirás, casa de Franco, que se tiene que abrir por ley a las visitas, corriendo todo, organización y gastos, a cuenta de la familia Franco (cierto es que lo de respetar las leyes a la izquierda le suena a imperdonable fascismo si las leyes no les gustan), y comparemos. Supongamos que vamos a Predappio, el pueblo natal de Mussolini que usualmente tiene desde tiempo inmemorial alcalde socialista. Preguntamos: “¿Se puede visitar la tumba de Mussolini?”. Pues sí, y en ella hay flores, bustos, símbolos y brazos en alto del visitante (el Tribunal de Milán dictó hace poco una sentencia declarando que hacer el saludo fascista ni es delictivo ni ilegal). Después uno puede dirigirse con toda tranquilidad a visitar la casa de Mussolini y la cama donde nació. En el pueblo se puede comprar casi cualquier tipo de recuerdo de Mussolini y miles de personas lo visitan cada año (algunas hasta con camisa negra).
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Por si no fuera suficiente lo dicho en Forli está la Villa Carpena, el hogar familiar de Mussolini -un equivalente lejano al Pazo de Meirás-, que fuera propiedad de la familia Mussolini, hoy conocida como La casa dei ricordi (la casa de los recuerdos), abierta al público y llena de recuerdos de Mussolini. Las fotografías que acompañan este artículo son altamente reveladoras de qué encuentra el público en sus salas. ¿Qué podría encontrarse en la casa de Mussolini? Recuerdos de Mussolini claro.

Así pues, la familia Franco está en su derecho de gestionar las visitas como estime oportuno -es lo que dice la ley-  es lógico que la Fundación Nacional Francisco Franco, a la que la izquierda chekista y enloquecida anima a parar (¿estará incurriendo en un delito de amenazas e incitación al odio?), cuya presidencia ostenta la hija de Franco, que es la dueña legítima del lugar, organice unas visitas para las que no pide carné ni aval político alguno. Visitas que parecen aterrar a una izquierda partidaria de la censura y no de la libertad, pero es que así eran en un lejano 1936.

El mentiroso Rajoy, otro eslabón de la corrupción (Intervención de Jesús Muñoz en Radio Inter) Texto y Audio

El mentiroso Rajoy, otro eslabón de la corrupción (Intervención de Jesús Muñoz en Radio Inter) Texto y Audio
       
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El tema a debatir era el siguiente: 

¿Le parecieron convincentes las declaraciones de Rajoy en la Audiencia Nacional sobre el caso Gürtel? 

Fecha: 30.07.2017 

Por un lado no me puede convencer alguien que miente continuamente y, por otro lado, no me puede convencer quien dice que no sabe nada acerca de un tema como la corrupción, sí quién lo dice es máximo dirigente de un partido que tiene abiertos cientos de sumarios judiciales relacionados con casos de corrupción,... y los que no conocemos. 

Sí, he dicho que Rajoy miente continuamente: 

Ha mentido en sus promesas electorales que no ha cumplido teniendo mayoría absoluta para cumplirlas. 

Ha mentido en todo lo relacionado con el terrorismo de ETA, con el aborto, con la Ley de Memoria Histórica, con la de los matrimonios homosexuales, con las subidas y bajadas de impuestos... 

Ha mentido en ocultar o minimizar el problema separatista, mientras seguía financiando al enemigo, y miente en las maneras que nos pinta como las únicas para solucionar la ruptura de España. 

Ha mentido en lo del rescate a España, que aunque lo niegue, todas las medidas tomadas que han favorecido a la banca, pese a sus estafas, y que han perjudicado a los españoles, han venido impuestas porque ha habido un rescate. Otra cosa es que el rescate haya llegado a quiénes han colaborado con el hundimiento, y no a sus víctimas. 

Y mentir en todo esto, y en muchos más aspectos, ya es corrupción, porque utilizar el cargo para algo distinto de lo que se debe utilizar, ya es corrupción, aunque no se meta la mano en la caja. 

Pero además, en temas exclusivamente de corrupción económica, que es lo que parece que más le importa al pueblo, el PP que ha dirigido en primera o segunda fila Mariano Rajoy desde hace décadas, ha demostrado ser un partido carcomido hasta los tuétanos por la corrupción. 

Son innumerables los casos de corrupción en el PP que han salido a la luz, de hecho, algunos de sus principales dirigentes, o hasta ministros y vicepresidentes, personas, incluso, muy cercanas a Rajoy, están o han pasado por la cárcel. 

Por lo tanto, es evidente que Rajoy, aunque se demostrara que él jamás se ha llevado un duro, cosa que dudo, debería haber dimitido hace mucho por sus responsabilidades en un partido intrínsecamente corrupto, por dirigir una cueva de ladrones. 

Alguien me dirá que no todos son ladrones, quizás, pero estas presuntas gentes honradas del PP conviven muy a gusto con ladrones, y basan su futuro político y profesional en lo que han robado estos ladrones....Y saben que deben callar para seguir en su puesto. 

Que hay otros partidos más corruptos, sí, pero, ¿qué han hecho Rajoy y el PP para que esos partidos y esos dirigentes más corruptos que ellos sean ilegalizados y encarcelados respectivamente? 

Que hay otras instituciones más corruptas, sí, pero, ¿qué han hecho Rajoy y el PP para desmontarlas y encarcelar a sus dirigentes? 

Rajoy es un eslabón más de la corrupción del sistema, es más, no es que haya corrupción en el sistema, es que este sistema es la corrupción, y Rajoy está encantado en él, y por eso lo defiende con pasión.

@sindicatotns     
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Esta fue la intervención radiofónica del pasado domingo 30/07/2017 del Jefe de Información y Prensa del Sindicato Trabajadores Nacional Sindicalistas, Jesús Muñoz, en el programa debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, 93,50 de FM y en Internet:  http://www.radiointer.es/ 

Audio de la intervención:


Os recordamos que ya podéis escuchar el audio del programa entero de este día, el audio de esta intervención de Jesús Muñoz y el audio del editorial de Rafael Nieto. 
   
Los audios los tenéis en  

Y nos complace enormemente comunicaros que gracias a la gran labor de documentación y recopilación que está desempeñando nuestro camarada Miguel del Pozo, ya tenéis acceso a buena parte de los programas de “Sencillamente Radio”, sobre todo a los editoriales del director del programa, Rafael Nieto, y a las intervenciones de Jesús Muñoz, Jefe de Información y Prensa del Sindicato TNS, en este programa.      
Este trabajo de recopilación no ha terminado, así que os aconsejamos que toméis nota del canal de Ivoox para seguirlo periódicamente, o mejor aún, que os suscribíais al mismo, ya que va a seguir renovándose continuamente.    
Este es el enlace al canal con los diferentes podcast:   
 http://www.ivoox.com/escuchar-radio-intercontinental-radio-inter_nq_84451_1.HTML